QUÉ ES LA VFP,

también llamada violencia ascendente o violencia de hijos a padres

Según la Sociedad Española para el estudio de la Violencia Filioparental, SEVIFIP, son “las conductas reiteradas de violencia física, psicológica -verbal y no verbal- y económica dirigidas hacia los padres o aquellas personas que ejercen cómo tal”.

Desde RECURRA GINSO vemos que ocurre cuando una hija o hijo expresa su malestar a través de la violencia verbal, material, física y/o psicológica hacia sus padres con la intención de hacerles daño y/o de tomar el poder en el ámbito familiar.

Veamos los distintos tipos de violencia que se pueden dar:

Violencia verbal: suele ser el primer paso en la VFP; el adolescente comienza a descalificar, insultar y menospreciar a sus padres, con el fin de menoscabar su seguridad, autoridad, poder y autoestima. 

Violencia material o económica: cuando el hijo/a roba o vende bienes familiares para conseguir dinero, o acumula una deuda que habrán de pagar los padres. También se refiere a la acción de romper bienes materiales con un valor simbólico o material para los progenitores con el fin de herirles.

Violencia física: es la más alarmante. Aunque no siempre se dan estas agresiones físicas; si aparecen, los padres se hacen verdaderamente conscientes del de la gravedad del problema. 

Violencia psicológica o emocional: es la que los propios padres califican como más grave, pues genera indefensión, pérdida de control y sentimiento de fracaso en su rol parental. Son ejemplos de este tipo de violencia cuando el menor miente, se escapa de casa, intimida a sus padres, les hace pensar que están locos, les ignora o amenaza con autolesionarse.

POSIBLES CAUSAS Y FACTORES RELACIONADOS

Es un fenómeno multicausal, en el que influyen las características del menor, familiares, relacionales, ambientales y sociales.

Nuestra sociedad ha cambiado en los últimos años, de forma esencial: los valores sobre lo que está bien y mal se han difuminado, la cultura del esfuerzo ha ido desapareciendo y ha dado paso al deseo de obtener resultados inmediatos, a la comodidad y la búsqueda de placer. Pocas responsabilidades para niños y jóvenes pero muchos derechos. Una gran permisividad, menos referentes en el hogar y una libertad mal entendida junto con un descenso del tiempo en familia. A esto se suma que la autoridad y la diciplina están mal vistas y esto hace que los padres desconfíen de los maestros y la escuela. Se ha colocado a la infancia en un lugar de protección, en el que sus derechos están por encima incluso de quienes les cuidan, padres, profesores, abuelos, vecinos.  

Observaciones de RECURRA GINSO:

En estos 10 años de trabajo con niños, adolescentes y sus familias, con más de 800 adolescentes tratados en el Centro Terapéutico y más de 1.000 casos atendidos ambulatoriamente en la Clínica de Salud Mental Infanto-Juvenil, hemos observado que:

Los menores muestran baja autoestima, baja tolerancia a la frustración y alta impulsividad. Inmadurez, inestabilidad emocional y alta tendencia a la búsqueda de sensaciones. 

En una gran proporción se ve afectado el ámbito académico, presentando bajo rendimiento, faltas a clase y conductas disruptivas. Muchos son víctimas de acoso escolar. La mayoría consumen algún tipo de sustancia tóxica.

Las pautas de relación chicos-chicas son muy machistas, asumidas tanto por ellos como por ellas, hasta el punto de ser vejadas por sus parejas y justificar dichas humillaciones.

Los menores ejercen violencia y escalan frente a la ausencia de límites claros por parte de los adultos responsables.

Entre los adultos, las madres destacan por una elevada somatización, sintomatología depresiva y angustia. En los padres resalta la ansiedad y la hostilidad, expresan un profundo enfado. 

Ambos progenitores tienen dificultades para poner límites o normas, presentan disparidad en los estilos educativos, así como inexpresividad emocional, incomunicación, mala relación parental y una escasa red social.

Suelen atribuir las causas del mal comportamiento de sus hijos a factores externos como el consumo de drogas, malas amistades, ausencia de valores en la sociedad o el origen de los hijos cuando son adoptivos.

FACTORES INDIVIDUALES DE LOS HIJOS:

  • Poca empatía

  • Baja autoestima

  • Muy baja tolerancia a la frustración

  • Gran impulsividad

  • Dificultad para controlar la ira

  • Dificultad para identificar y expresar emociones

  • Poca capacidad de introspección

  • Gran malestar psicológico

Los trastornos psicopatológicos asociados a la violencia filioparental son:

  • Trastornos del estado de ánimo

  • Trastornos de la ansiedad

  • Trastorno por déficit de atención con/sin hiperactividad.

  • Trastornos del vínculo

  • Trastorno negativista-desafiante

  • Trastorno de conducta

FACTORES  DE LOS PADRES:

  • Estilos educativos negligentes y autoritarios, y también son frecuentes los estilos permisivos y sobreprotectores.

  • La disparidad educativa entre ambos padres.

  • Ausencia de normas o existen pero están mal definidas.

  • Padres inconsistentes a la hora de aplicar las consecuencias al no cumplimiento de las normas.

  • Padres que dan lugar a cambios en la jerarquía por no asumir sus papeles parentales.

  • Escasa supervisión de los padres cuando sus hijos son pequeños que hace que no los reconozcan como figuras de autoridad cuando llegan a la adolescencia.

  • La existencia de conductas violentas entre los padres o de estos hacia los hijos que hacen creer que la violencia está permitida y es una forma válida de ejercer control sobre los otros.

  • La incapacidad de los padres para detectar los conflictos cuando están apareciendo por lo que no son capaces de abordarlos tempranamente.

FACTORES QUE NOS AYUDAN A IDENTIFICAR la Violencia filioparental

OTROS FACTORES ASOCIADOS:

EN EL ÁMBITO ESCOLAR:

  • Escasa motivación

  • Bajo rendimiento

  • Absentismo

  • Comportamientos disruptivos en el aula con faltas de respeto a profesores y compañeros que dan lugar a expedientes disciplinarios, expulsiones y cambios de centros escolares.

EL GRUPO DE IGUALES:

  • Abandono de los amigos que tenía hasta ese momento y comienzo de relación con otros iguales, generalmente chicos de mayor edad, con otro recorrido: chicos que consumen, que cometen pequeños actos delictivos, con dificultades de adaptación social, abandono de los estudios y que seguramente también ejercen violencia filio-parental… por lo que el adolescente por su necesidad de pertenencia al grupo asimilará muchas de estas conductas que hasta ahora no estaban presentes en su vida.

EL MOMENTO SOCIOCULTURAL:

  • Hay que tener en cuenta la sociedad actual en la que han nacido, en la que la violencia está presente y cada vez está más normalizada; la pueden observar en las series, los videojuegos, los reality Shows. También en los telediarios o en los programas de tertulias; una sociedad con ausencia de valores prosociales, con modelos donde el éxito se consigue sin esfuerzo, personajes que no hacen nada valiosos y se convierten en héroes de los adolescentes, en modelos a los que imitar, donde el consumismo es un valor; y una sociedad que obliga a los padres a estar tan ocupados en sus actividades profesionales que cada vez disponen de menos tiempo para dedicar a sus hijos.

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CONSECUENCIAS

Los padres actúan tratando de evitar todas las situaciones conflictivas, así van renunciando a su rol parental y van cediendo a las demandas del menor, por lo que se ve dañado su sentimiento de autoeficacia, su autoestima y su relación de pareja, ya que solo se centran en los síntomas de su hijo adolescente, descuidando los demás aspectos de su vida.

Estos padres son víctimas por partida doble: sienten un gran dolor por el hecho de que su propio hijo o hija se haya convertido en un maltratador y les agreda de forma reiterada; y además, sienten vergüenza por lo que les está sucediendo y lo ocultan, ya que la sociedad que les rodea, lejos de entenderles, les suele juzgar  como únicos responsables de la situación, por desconocimiento de la problemática. Por ello, uno de nuestros objetivos es visibilizar esta realidad, que durante el confinamiento se ha visto incrementada en muchos hogares españoles. 

Los progenitores suelen ver a su hijo como el responsable de la situación: su hijo es “el problema” y ya no observan cualidades o acciones positivas del mismo. El adolescente, por su parte, se siente incomprendido y no confía en su familia ni la percibe como apoyo, dañándose cada vez más el vínculo afectivo entre padres e hijos.

INTERVENCIÓN TERAPÉUTICA

Cómo actuamos ante la VFP 

Los padres actúan tratando de evitar todas las situaciones conflictivas, así van renunciando a su rol parental y van cediendo a las demandas del menor, por lo que se ve dañado su sentimiento de autoeficacia, su autoestima y su relación de pareja, ya que solo se centran en los síntomas de su hijo adolescente, descuidando los demás aspectos de su vida.

Estos padres son víctimas por partida doble: sienten un gran dolor por el hecho de que su propio hijo o hija se haya convertido en un maltratador y les agreda de forma reiterada; y además, sienten vergüenza por lo que les está sucediendo y lo ocultan, ya que la sociedad que les rodea, lejos de entenderles, les suele juzgar  como únicos responsables de la situación, por desconocimiento de la problemática. Por ello, uno de nuestros objetivos es visibilizar esta realidad, que durante el confinamiento se ha visto incrementada en muchos hogares españoles. 

Los progenitores suelen ver a su hijo como el responsable de la situación: su hijo es “el problema” y ya no observan cualidades o acciones positivas del mismo. El adolescente, por su parte, se siente incomprendido y no confía en su familia ni la percibe como apoyo, dañándose cada vez más el vínculo afectivo entre padres e hijos.

CON LOS PADRES Y CON LOS HIJOS:

  • La entendemos como un conflicto familiar, por eso actuamos tanto con el hijo como con los padres.

  • La conducta el hijo ocurre en un contexto familiar que ha favorecido la aparición de conductas violentas, por ello hay que cambiar el patrón de interacción.

  • Intervenimos de forma independiente y también de forma conjunta.

  • Valoramos si el caso puede abordarse de forma ambulatoria o requiere que sea una intervención residencial. 

CON LOS ADOLESCENTES:

Trabajamos su inteligencia emocional:

  • Autoestima

  • Reconocimiento y expresión de sus emociones

  • Empatía y sentimientos de compasión​

  • Modificación del “Locus de control” a uno interno para que asuman sus responsabilidades

  • Control de impulsos

  • Reconocimiento de la ira para aprender a frenarla

  • Reflexión sobre la violencia

  • Conocimiento de su malestar psicológico e insatisfacción general que ha contribuido a la aparición de sus conductas violentas.

CON LOS PADRES

  • Potenciamos el empoderamiento de los padres, para que ejerzan una parentalidad positiva.

  • Fomentamos el establecimiento de normas claras y las consecuencias de su incumplimiento.

  • Favorecemos en ellos las estrategias de gestión emocional.

  • Trabajamos para que desarrollen un estilo educativo democrático (ni autoritario ni permisivo).

  • Remarcamos la importancia de que el estilo educativo tenga una línea de actuación única y coherente entre ambos progenitores.

  •  Facilitamos el apoyo de otros adultos en su misma situación mediante los grupos de padres.

TERAPIAS CONJUNTAS PADRES E HIJOS (Y HERMANOS):

  • Trabajar el vínculo y la relación entre padres e hijos

  • Mejorar la comunicación entre todos los miembros de la familia.

QUÉ HACER ANTE SITUACIONES GRAVES O EMPEORAMIENTO:

  • Desde la Clínica RECURRA-GINSO recomendamos acudir a profesionales cuanto antes y, desde luego, no dudar en hacerlo ante situaciones graves o empeoramiento de las conductas violentas.

  • Desde aquí queremos NORMALIZAR ACUDIR AL PSICÓLOGO.

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INFOGRAFÍAS DESCARGABLES

  • QUÉ ES / QUÉ NO ES LA VFP

  • CÓMO PREVENIR LA VFP