Pandemia y duelo

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La crisis por Covid-19 está afectando tanto a los ámbitos de nuestra salud física, social y económica como a nuestra salud mental. La población infantil y adolescente ha de manejarse con la incertidumbre y las pérdidas que están viviendo durante estos dos últimos años. Para ello, requieren desarrollar habilidades con el apoyo de los adultos con quienes conviven en los ámbitos familiar, escolar, sanitario y socioeducativo. 

Efectos psicológicos de la pandemia en niños y adolescentes

 

Según expertos en Psiquiatría y Psicología Clínica de la Infancia y Adolescencia, 1 de cada 4 niños que han sufrido aislamiento por Covid-19 presenta síntomas depresivos y/o de ansiedad, según datos de UNICEF España. Para poder brindarles la orientación y apoyo que niños y adolescentes necesitan, hemos de comprender primero cómo les está afectando esta crisis y cómo suelen expresar sus preocupaciones.

 

Durante el confinamiento vivieron sentimientos de soledad, depresión y ansiedad; nerviosismo, inquietud, irritabilidad y miedo. Tras el confinamiento encontramos problemas de ansiedad, muchos que ya existían antes y ahora se ven agravados, y otros que son de nueva aparición. También se observa un aumento del estrés parental y de la violencia intrafamiliar, siendo los menores de nivel socioeconómico medio-bajo y las  familias en riesgo de exclusión los más vulnerables.


En RECURRA GINSO observamos en los niños y jóvenes que atendemos un aumento de la ansiedad, depresión, problemas de comportamiento y autolesiones; pérdida de hábitos saludables, aumento de conductas adictivas con y sin sustancias y alteraciones del sueño, lo que lleva a una mayor irritabilidad, desmotivación y disminución en el control de impulsos. La parte positiva es que todo ello tiene tratamiento; los profesionales de la Psicología asesoramos y guiamos a los menores y las familias con el fin de mejorar su salud y bienestar global.

Recomendaciones para proteger la salud mental

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Según datos actuales en España, la ansiedad es la sexta causa de enfermedad y discapacidad para los adolescentes de diez a catorce años. Por lo que se hace esencial, desde un trabajo multidisciplinar, incidir en estos aspectos con los menores para proteger su salud mental y su futuro:

  • Fortalecer los vínculos afectivos en la familia, a través del juego, los cuentos y la expresión artística.

  • Promover el cuidado de la familia en su conjunto, aumentando el bienestar familiar y personal. 

  • Mejorar la comunicación, adaptando los mensajes a su nivel madurativo y escuchándoles.

  • Favorecer su autoestima, brindando confianza, responsabilidades y autonomía junto con la posibilidad de conocer y desarrollar sus fortalezas.

  • Ayudarles a que valoren los aspectos importantes de la vida y promover el agradecimiento

  • Fomentar su resiliencia y capacidad de superación, facilitando la identificación y aceptación de sus emociones y construyendo alternativas de afrontamiento positivas.

  • Potenciar el ejercicio físico, hábitos saludables de alimentación y técnicas de relajación

  • Los adultos somos sus referentes, por lo que es fundamental que seamos un buen ejemplo.

Como destaca la ONU, es fundamental garantizar el más alto nivel de salud mental en la población, para lo cual hay que fortalecer la red de salud mental y de apoyo psicosocial.

Covid-19 y duelo

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El duelo es un proceso natural, que varía de persona a persona. Al ser un proceso, requiere tiempo para aceptar el dolor que provoca la pérdida de un ser querido. Este tiempo es único; es habitual que haya altibajos y no se debe juzgar a las personas sino acompañarlas con amor. El duelo implica un trabajo personal de aceptación de la muerte y de gestión de las emociones que aparecen, para conseguir vivir con la ausencia de la persona amada y rehacer la propia vida.

Sin embargo, esta crisis sanitaria y social, además de causar un número de muertes inusitado y totalmente inesperado, ha trastocado nuestra manera de relacionarnos y afrontar la muerte: nuestros seres queridos han vivido la enfermedad y sus últimos momentos en soledad; tampoco hemos podido despedirnos ni realizar los ritos que nos ayudan a aceptar la muerte y sentir el apoyo de nuestra comunidad. Por ello, los estudios sostienen que el proceso de duelo se está viendo dificultado, aunque también comparten algunas recomendaciones para gestionarlo, especialmente en estos tiempos de pandemia:

  • Realizar una despedida simbólica  que tenga un significado especial para la persona, como escribirle una carta, dedicarle unos versos, rezar, o sembrar una planta en su nombre.

  • Conectar con las personas de nuestro entorno cercano, comunicarse, buscar apoyo y sentirse arropado.

  • Darse la oportunidad de sentir el dolor y el espacio para expresarlo.

  • Considerar el apoyo profesional, a través de terapia presencial o telemática que brinde apoyo emocional y cuidado de la salud mental.

 
 

Hablar de la muerte con población infanto-juvenil

 

Como personas adultas nos encontramos con dificultades a la hora de hablar sobre la muerte con niños/as y adolescentes. A veces son nuestras propias creencias erróneas las que nos impiden comunicarnos abiertamente y pensar que no lo van a comprender, que es mejor evitar el tema para que no sufran, ocultarles nuestro dolor, etc. Por estos motivos, a veces cometemos errores como:

  • Hablar con metáforas o eufemismos y evitar la palabra “muerte”.

  • Esperar mucho tiempo para darles la noticia.

  • Dejar que se enteren por otras personas o medios.

  • Decirles que no deben estar tristes.

  • Apartarles de los rituales y ocultarles nuestros sentimientos.

Los profesionales de la salud y la educación ofrecen las siguientes recomendaciones a la hora de informar de la muerte a un niño o adolescente:

  • Utilizar un lenguaje claro y sencillo, adaptado a su nivel madurativo y comprensión, que no oculte la muerte ni  dramatice.

  • Será la persona o personas con mayor grado de vinculación afectiva quienes le den la noticia.

  • Haciéndolo lo antes posible y en un lugar íntimo donde el menor pueda expresar sus emociones.

  • Sin dar toda la información de golpe ni contestar a lo que no sabemos.

  • Ayudando a la niña/o o adolescente a reducir sus miedos.

  • Informando al colegio y otros espacios donde participe.

  • Dejando claros los siguientes conceptos, que les ayudan a entender que la muerte es: Irreversible: la muerte no es temporal, no es “como si estuviese dormido”; es importante que entiendan que la persona no va a volver pues esto les ayuda a aceptar la situación. Universal: la muerte es común a todos los seres vivos; nos ocurre a todos y siempre tiene una causa física.

  • La persona siempre permanece en nuestro recuerdo y en nuestro corazón.

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 Cómo viven el duelo niños y adolescentes 

Podemos observar síntomas o conductas muy variadas, que dependen de factores familiares, personales, ambientales, del grado y calidad de la vinculación con la persona fallecida y de las condiciones en que ha ocurrido la muerte:

> HASTA LOS 10 AÑOS

  • Sentimientos de angustia.

  • Depresión, irritabilidad. 

  • Problemas emocionales: rabietas, ansiedad por separación; miedo a que mueran más seres queridos.

  • Problemas conductuales: conductas regresivas; alteraciones del sueño, pesadillas.

  • Problemas de concentración y bajada en el rendimiento escolar.

> DE LOS 10 A LOS 12 AÑOS

  • Sentimientos de angustia. Conductas autolesivas.

  • Tristeza intensa y desesperación. 

  • Problemas para aceptar la realidad de la muerte.

  • Fantasías sobre la propia muerte.

  • Evita hablar de la muerte.

> A PARTIR DE LOS 12 AÑOS

  • Angustia, apatía, desinterés.

  • Puede disminuir el sentido de la vida y venir acompañado de ideación suicida y autolesiones.

  • Oculta el dolor.

  • Se aísla socialmente.

  • Ansiedad; temor a olvidarse de la persona fallecida.

  • Evita participar en los rituales funerarios.

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Señales de alerta según edades.
Hemos de estar atentos a las señales de alerta que nos indican que el proceso de duelo está siendo más complicado de lo habitual, según la Asociación Española de Pediatría:

> HASTA LOS 10 AÑOS

  • Llanto inconsolable.

  • Pérdida significativa de peso.

  • Miedos incapacitantes.

  • Pesadillas recurrentes.

  • Síntomas depresivos.

  • Mal humor y agresividad recurrente.

  • Disminución de la actividad y problemas de concentración que repercuten en sus rutinas diarias.

  • Somatizaciones recurrentes. 

> DE LOS 10 A LOS 12 AÑOS

  • Incapacidad para reintegrarse en sus rutinas y actividades.

  • Somatizaciones y problemas médicos continuos. 

  • Tristeza extrema incapacitante.

  • Problemas para conciliar el sueño.

  • Aislamiento familiar.

  • Exceso de responsabilidad.

> A PARTIR DE LOS 12 AÑOS

  • Angustia, apatía, desinterés.  Cambios de humor exagerados.

  • Irritabilidad constante.

  • Impulsividad y agresividad descontrolada

  • Aislamiento extremo.

  • Tristeza excesiva.

  • Trastornos somáticos.

  • Pensamientos negativos recurrentes sobre la muerte.

  • Culpabilidad que no cesa.

  • Ideación y planificación suicida.

  • Asunción de responsabilidades que no les corresponden.

 

Cómo podemos ayudar

Brindamos algunas pautas con la intención de que niños y jóvenes transiten este proceso con el apoyo que requieren:

> HASTA LOS 10 AÑOS

  • Mantener sus rutinas.

  • Enriquecer el vínculo afectivo con más momentos compartidos de cariño, intimidad y juego.

  • Darles seguridad y contestando a sus preguntas con un lenguaje claro.

  • Hablar de cómo nos sentimos.

  • Escuchar y respetar sus emociones.

  • Poniendo límites a problemas de conducta con amor y firmeza.

  • Hacer actividades que favorecen el recuerdo de la persona fallecida.

> DE LOS 10 A LOS 12 AÑOS

  • Darles a conocer experiencias similares de otros niños y niñas.

  • Hablar siempre que lo necesiten.

  • Evitar que tomen más responsabilidades.

  • Que puedan participar en los rituales de forma activa. 

  • Ofrecerles seguridad en su día a día. 

  • Buscar apoyo profesional si es necesario. 

> A PARTIR DE LOS 12 AÑOS

  • Una figura de referencia adulta que le brinde confianza y afecto.

  • Dejarles espacio pero no perderles de vista. 

  • Evitar que tomen un rol que no les corresponde.

  • Hacer los menos cambios posibles en su entorno.

  • Explicarle la situación tantas veces como necesite.

  • Ofrecer el espacio para que hable de sus sentimientos.

  • Ayudarle a gestionar su tristeza, enfado y culpa.

  • Buscar apoyo profesional si es necesario. 

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Fuentes consultadas:

  • Predeira Massa, J.L. (2020) Salud mental y Covid-19 en infancia y adolescencia: visión desde la psicopatología y la salud pública. Rev. Esp. Salud Pública; Vol.94.

  • UNICEF España (2020) Salud Mental e infancia en el escenario de la Covid-19.

  • Plataforma de Asociaciones de Psiquiatría y Psicología Clínica por la Salud Mental de la Infancia y Adolescencia de España (2020) Salud Mental en la Infancia y la Adolescencia en la era del covid-19.

  • Pilar Zamora López (2021) El proceso de duelo en niños. Una revisión sistemática. Revista Internacional de Apoyo a la Inclusión, Logopedia, Sociedad y Multiculturalidad. 

  • Asociación Española de Pediatría (2019) 16º Congreso de Actualización en Pediatría.

 

Webinar

¿Cómo abordar los efectos psicológicos de la pandemia entre los más jóvenes?

Profesionales de RECURRA GINSO e invitados expertos en el ámbito de la salud mental infanto-juvenil reflexionan sobre los efectos de la pandemia en la población infanto-juvenil, así como la importancia de abordar la salud mental durante una etapa vital como la adolescencia, y cómo afrontar los cambios vividos para fomentar el bienestar de los niños y adolescentes.

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