Menores en protección

Las personas menores que forman parte del sistema de protección provienen de una larga historia de exposición a distintos factores de riesgo que implican una mayor vulnerabilidad ante la aparición de conductas desadaptadas. Estos condicionantes de tipo familiar, social, educativo, cultural, sanitario, político, etc. aumentan el riesgo en cuanto al uso/abuso de sustancias estupefacientes, absentismo escolar, déficit de habilidades sociales o mal uso de las mismas. 

Consecuencias psicosociales y conductuales

 
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Tal como destacan varias investigaciones a lo largo del tiempo, el vínculo de apego de estos menores está debilitado, debido a carencias en la atención de los progenitores o situaciones de maltrato como, por ejemplo, la negligencia o el abandono. Estas carencias de la infancia generan un modelo de interpretación del entorno y las relaciones basado en el miedo y la desconfianza, que dificultan las relaciones futuras. Además, reducen la capacidad de generar estrategias de afrontamiento ante los problemas, de autocontrol y regulación emocional. 


En resumen y basándonos en Martínez-Reguera, los menores en situación de desamparo presentan unas características clave. Las mostramos no con la intención de etiquetar sino de comprender su modo de actuar y ayudarles a desarrollar habilidades psicosociales positivas, responsabilidad y estrategias de regulación emocional y autocontrol con el objetivo de que vivan una vida plena e integrada socialmente: 

  • Inmadurez: manifestada a través de una aparente vulnerabilidad, percepción de ser víctima y autojustificación de sus conductas desadaptadas. 

  • Inseguridad: que se manifiesta por el descontrol del comportamiento, en medio de una gran habilidad instrumental y egocentrismo.

  • Imprevisibilidad en las conductas, emitiendo respuestas exageradas. 

  • Afectividad alterada:  indiferencia afectiva, resistencia a la vinculación y dificultad para expresar emociones que genera desconfianza en los demás. 

  • Desconfianza en el entorno: se sienten desvinculados del entorno institucional y normativo socializador.

Características y datos del sistema de protección

Existen diferentes medidas de protección a la infancia y adolescencia en situación de desamparo. Estas son, principalmente, la tutela y la guarda, siendo el órgano administrativo con competencia en materia de protección de menores quien decide el tipo de acogimiento más adecuado para cada menor: familiar o residencial, siendo el acogimiento familiar el prioritario. 


Según los datos extraídos del Boletín de Datos Estadísticos de Medidas de Protección a la Infancia del Observatorio de la Infancia en España en cuanto al acogimiento residencial:

  • El grupo de edad más numeroso es el comprendido entre los 15 y 17 años. 

  • El número de menores de sexo masculino es mayor que el femenino en todos los tramos de edad, disparándose la cifra en el tramo de 15 a 17. 

  • El número de menores atendidos en el sistema de protección en España durante el año 2020 ha bajado en un 2,19%, pasando de 50.272 a 49.171 menores acogidos. 

  • La medida que ha sufrido más reducción es la del acogimiento residencial. 

 

A pesar de que el número de menores en el sistema de protección haya disminuido en los últimos años, las cifras continúan siendo muy altas, de manera que se hace necesario contar con dispositivos residenciales que actúen como hogar para estos y estas menores, que se encuentran en situación de desprotección y desamparo, y que por su edad y características no suelen encontrar familias acogedoras ni mucho menos, adoptantes. En estos hogares contarán con profesionales especializados que van a ser contexto afectivo y educativo desde el cual poder desarrollarse, estableciendo unos vínculos afectivos estables como base para su integración en la sociedad.

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Los valores del acogimiento residencial

 
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Para las personas menores de edad que viven en centros de acogimiento, es fundamental trabajar de forma coordinada con los recursos externos al centro para conseguir que desarrollen los siguientes valores: 

  • Responsabilidad y compromiso con su proceso socioeducativo y sociolaboral.

  • Socialización que sirva como apoyo y fuerza reguladora para que cada menor se desarrolle de forma integral dentro del contexto social.

  • Integración de los y las menores en los recursos del entorno (formativos, culturales, sanitarios, asociativos, etc.) favoreciendo su participación social. 

Para ello, se requiere un trabajo en red, siguiendo los principios del enfoque comunitario y coordinándose con los servicios externos a los que acude cada menor. En este sentido, se requieren más recursos e implicación por parte de las administraciones autonómicas y políticas estatales.

Principios pedagógicos y valores

 

Principios pedagógicos y valores que orientan nuestro trabajo con las personas menores de edad en los centros de acogimiento residencial de GINSO:

  • Individualización: elaborando un Proyecto Individual con cada menor, guiado por su educadora referente, donde se presentan objetivos y actuaciones individualizadas, que garanticen su adecuado desarrollo personal y bienestar psicosocial.

  • Interés superior del menor: en los términos establecidos en el Código Civil y en la Convención sobre los Derechos del Niño”. 

  • Normalización de la vida cotidiana: haciendo su vida como la de cualquier otro adolescente, con hábitos normalizados y rutinas diarias, ofreciendo seguridad y acompañamiento.

  • Promoción de la coeducación: promoviendo actitudes de respeto hacia todas las personas que conviven en el centro y la construcción de la identidad sexual personal.

  • Respeto por la raza, religión, cultura, ideología y cualquier otra circunstancia personal o social.  

  • Estabilidad y coherencia, entendiendo a los adultos como figuras de referencia para los y las menores

  • Fomento de la participación y corresponsabilización de los adolescentes, siendo los protagonistas de su proceso, responsabilizándose de sus objetivos y las decisiones tomadas.

  • Intervención mínima, asegurando que la intervención socioeducativa no exceda de lo necesario para alcanzar los objetivos planteados, empoderando a las personas menores y sus familias.

  • Evaluación continua: Que mida de manera constante los cambios producidos en cada caso y en el funcionamiento del centro

  • Innovación: mediante la formación continua del equipo profesional, la creatividad y el uso de las nuevas tecnologías de la relación, la información y la comunicación.

Profesionales y acciones desarrolladas en los centros de acogimiento

 
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Las personas menores de edad que entran en un centro de acogimiento cuentan con el apoyo de las siguientes figuras socioeducativas, que forman el Equipo de Atención Directa, y que a su vez se divide en dos equipos de intervención:

  • Educadores/as sociales y auxiliares técnicos/as educativos conforman el Equipo Educativo. 

  • La dirección del centro, trabajador/a social, y educador/a de referencia componen el Equipo Técnico. 

Estos profesionales van a realizar una serie de acciones encaminadas a “acoger, atender y educar a los y las menores de edad” siguiendo el Estatuto de las Residencias de Atención a la Infancia y Adolescencia (Decreto 88/1998 del Consejo de Gobierno):

  • Intervenciones Individuales: a cada persona menor se le asigna a su educador/a de referencia, que va a guiar todo su proceso de acogida, análisis de necesidades, intervención y salida, con el apoyo del resto del Equipo Técnico. 

  • Intervenciones Grupales: realizadas por el Equipo Educativo a través de programas de intervención, actividades, sistemas de participación y convivencia diaria en el centro.

  • Intervenciones Familiares: se realizarán contactos e intervenciones con las familias por parte del Equipo Técnico, a través de llamadas telefónicas y citas presenciales, visitas al Centro, supervisión de salidas e incluso visitas domiciliares, según cada caso. 

Metodología de trabajo

La metodología de trabajo que aplicamos en GINSO para conseguir los objetivos en relación con el Proyecto Individual de cada menor, siempre en beneficio de su interés superior y de acuerdo con los principios pedagógicos vistos, es:

  • Cercana y motivadora: potenciamos el autoconcepto y autoestima a través de un clima de afecto, confianza y seguridad, valorando el esfuerzo individual y grupal. 

  • Activa y participativa: mediante una enseñanza inductiva-deductiva, donde la práctica predomine sobre la teoría. Damos especial importancia a la acción tutorial, como forma de acercarse, conocer y acompañar a la persona menor en todos sus procesos vitales.

  • Integradora y globalizadora: impulsando la interculturalidad como medio de enriquecimiento para la convivencia e integrando las experiencias vividas en su realidad social, con el objetivo de educar en valores. 

  • Promotora de autonomía personal: desarrollando estrategias que fomenten la autonomía de las personas menores residentes, preparándolas para la vida adulta y la emancipación. Individualizada, integral, flexible y reparadora: intervenimos sobre todas las necesidades que presente la persona menor y el grupo desde la creatividad, reflexión y trabajo en equipo que provoque alternativas y nuevas respuestas.  

  • Con perspectiva transversal de género: en todas las actividades desarrolladas por el equipo, así como en las rutinas diarias y actividad cotidiana del centro. 

  • Interdisciplinar, funcional y polivalente: desarrollando cauces de comunicación y coordinación con todos los agentes que participan en la evolución y desarrollo de los/as menores, así como entre todos los miembros del equipo educativo y técnico.

  • Proporcionando el pertinente apoyo familiar: atendemos a la situación de la persona menor y etapa evolutiva, promoviendo la implicación de la familia en el proceso. 
    Basada en la planificación: tanto a nivel individual, a través de la elaboración del
     
    Proyecto Individual de cada menor, donde se reflejarán los objetivos y estrategias a seguir para lograrlos, como a nivel grupal, con la programación de actividades que dan respuesta a sus necesidades físicas, sociales, educativas y psicológicas.  

  • Favorecedora de la evaluación: evaluamos la intervención socioeducativa a través de registros de observación y seguimiento diarios, reuniones con el equipo educativo y, de forma anual, con la Memoria y el Plan Anual. 

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Fuentes consultadas:

  • Gutiérrez, J. (2021) Proyecto Educativo del Centro de Acogimiento Residencial de Menores “Hogar Miramadrid”

Webinar

El cuidado de la salud mental en el acogimiento de menores

Profesionales de RECURRA GINSO e invitados expertos en el ámbito del sistema de protección de menores reflexionan sobre la labor que tienen los profesionales a la hora de cuidar la salud mental y de ayudar en el desarrollo personal, emocional y social de estos jóvenes.

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Infografías descargables

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