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Estrategias de afrontamiento emocional en la salud mental infanto-juvenil

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Familias y profesionales remamos juntos en la labor de acompañar a niños, niñas y adolescentes en sus procesos vitales. Educarnos para educar: ayudarles a aceptar sus triunfos y caídas, alentarles a levantarse, a trazar una nueva meta coherente y realizable que fomente su autoestima, ayudándoles a ser conscientes de la responsabilidad y la incertidumbre que implican las decisiones y mostrándoles las fortalezas y competencias emocionales para ello.

El desarrollo de fortalezas y virtudes

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Uno de los principales objetivos del equipo de profesionales de RECURRA GINSO es fomentar el desarrollo de fortalezas que actúan como factor de protección de la salud mental y son fuente de calidad de vida, tanto en los menores como en los adultos que los acompañan. En palabras de Javier Urra, “se debe enseñar y se pueden aprender fortalezas humanas que defienden la salud mental para superar las turbulencias de la vida”.

Algunas de estas fortalezas son:

  • Curiosidad e interés por el mundo: interés por el entorno, explorar y descubrir nuevas cosas.

  • Valentía y perseverancia: actuar siguiendo un criterio propio, superar críticas y obstáculos, mantener las metas. 

  • Capacidad de amar y ser amado: sentirse cerca de otras personas, tener y cuidar relaciones valiosas de afecto mutuo.

  • Inteligencia emocional, personal y social: ser consciente de las emociones y sentimientos, tanto de uno mismo como de los demás, tener empatía.

  • Autocontrol, autorregulación: tener capacidad para regular los propios sentimientos y acciones; tener disciplina y control sobre los impulsos y emociones.

  • Gratitud: Ser consciente y agradecer las cosas buenas de nuestra vida; expresar ese agradecimiento.

  • Sentido del humor y entusiasmo: El gusto por reír y gastar bromas, sonreír con frecuencia, ver el lado positivo de la vida.

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La importancia de la educación emocional en la familia

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El estilo de afrontamiento emocional se va aprendiendo desde edades tempranas. Los progenitores son ejemplo y referente de los hijos, y van transmitiendo su modo de gestión emocional a través de sus actitudes y comportamiento, de su forma de afrontar la vida. A esto se le llama modelado. 


El ser humano aprende de lo que ve en su entorno, por tanto, una de las mejores maneras de que niños y niñas adquieran estrategias positivas de regulación emocional es que las observen en sus adultos de referencia, ya que las imitarán de manera natural.  


Desde RECURRA GINSO trabajamos de forma sistémica, involucrando a la familia de cada adolescente, mostrándoles técnicas de regulación emocional, pautas para una buena comunicación y el mantenimiento de un vínculo saludable, ayudando a madres y padres a desarrollar una parentalidad y autoridad positiva, confiando en sus propias capacidades. 
 

Cuando ocurren dificultades graves en la infancia, carencias en los vínculos afectivos, traumas, etc. la salud mental se ve dañada; en especial el autoconcepto, la autoestima y la capacidad para ser amados y amar; cuestiones que en la etapa adulta podemos abordar y reaprender con el acompañamiento adecuado.  

Aspectos clave en la educación emocional de niños, niñas y adolescentes

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La manera en la cual los adultos de referencia se toman las dificultades y errores, su forma de resolver los conflictos, el autocontrol que demuestran y el modo en que se relacionan consigo mismos y con los demás va a ser vital para la adquisición de estrategias de afrontamiento emocional de sus hijos e hijas ya que se aprende por imitación. Cuanto más responsables se hagan progenitores y tutores/as de su desarrollo emocional y conscientes de sus propias fortalezas y dificultades, mejor podrán criar, transmitir valores y educar para la vida a los menores con quienes conviven:

  • Crear un clima de confianza y disfrute en familia: la conexión; el tiempo de disfrute; el descubrirse mutuamente, y conocer cómo actúa y va cambiando el niño o niña, pasando a la adolescencia, es fundamental para fortalecer los vínculos afectivos que dan sentido a la vida y la crianza, y poder ayudarles en la adquisición de herramientas para vivir de forma plena, equilibrada y feliz.

  • Cuidar los aspectos no verbales de la comunicación: la mirada, la postura abierta, los abrazos, el tono de voz, los gestos de afecto son esenciales para nutrir el vínculo y la confianza.  La calidad de los vínculos en la infancia es la base sobre la que se construyen las relaciones con otras personas y la forma de relacionarse en el futuro.

  • Educar en responsabilidad y autonomía: es fundamental dar protagonismo a niños y jóvenes en su propia vida, apoyarles en la toma de decisiones, adaptadas a su edad, para que vayan asumiendo las consecuencias positivas y negativas de sus actos y decisiones, evitando sobreprotegerles. Todo ello les empodera y aumenta su sana autoestima

  • Favorecer la autorreflexión y el autoconocimiento: a través de preguntas que les hagan entender qué hay debajo de sus sentimientos, respuestas, pensamientos, decisiones, preferencias o evitaciones, les ayudamos a conocerse y con ello poder regularse mejor.

  • Desarrollar el autocontrol: explicarles maneras para controlarse en momentos difíciles, como respirar, contar hasta diez, separarse del estímulo estresante, cambiar de actividad, y expresar los propios sentimientos evitando el daño a uno mismo, a los demás y al entorno. Ser modelo de estas estrategias y que así niñas, niños y jóvenes aprendan a relajarse, a pensar antes de actuar y a evitar que las emociones los dominen gracias a observar cómo lo hacen sus progenitores.

  • Practicar la ayuda a los demás y la empatía: hacerles preguntas para que aprendan a reconocer los sentimientos y perspectivas de los demás y así promover el interés por las personas que les rodean y el deseo de ayudarles, cualidades que nos permiten disfrutar de relaciones significativas, al sentirnos parte de una comunidad y en conexión con las personas de nuestro entorno.

  • Fomentar la resiliencia: la resiliencia es esa capacidad que nos permite afrontar momentos difíciles de la vida y, además de sobreponernos a ellos, salir fortalecidos. Hablar a los/as adolescentes de los fracasos y prepararlos para superar dificultades, sabiendo que en la vida va a haber momentos dolorosos y que cuentan con el apoyo de sus padres. 

  • Confiar en sus capacidades: es esencial aceptar que hijos e hijas van a pasar por adversidades, van a sufrir, a equivocarse y gracias a todo ello van a aprender, superarse, fortalecerse y crecer, desarrollando así sus potencialidades. Transmitirles nuestro aliento, amor y seguridad generará confianza en sí mismos.

  • Potenciar la comunicación asertiva: hacer que hijos e hijas se sientan escuchados y valorados, promoviendo una comunicación asertiva con el fin de poder expresarse sin miedo y con respeto. Así conseguimos ir resolviendo los conflictos cotidianos de forma pacífica y aprovecharlos como oportunidades para desarrollar habilidades psicológicas y socioafectivas como comprender otros puntos de vista. 

Gestión de conductas violentas desde la familia

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En la etapa infantil, es habitual que se den las conocidas rabietas, todo un desafío para madres y padres. Suelen iniciarse a partir de los 2 años y aparecer de forma puntual hasta los 10 años. Es muy importante acompañarle, contenerle y mantener el límite para que comprenda que no va a obtener lo que desea a través de la agresividad. La forma habitual de responder de los adultos va a influir en el comportamiento futuro del niño, en su autoestima y en su forma de relacionarse y solucionar conflictos a medida que va creciendo y su vida se hace más compleja. 


El psiquiatra Daniel Siegel, propone la siguiente estrategia para poner en marcha en momentos de crisis, cuando vemos que el pequeño no puede detener voluntariamente su comportamiento, en las denominadas rabietas del cerebro inferior:

  • Evitar razonamientos: en el momento álgido de rabieta no puede asimilar información ya que tiene desconectado el cerebro superior, que es el que escucha y asimila las explicaciones.

  • Conectar: abordar la situación de una forma afectuosa y reconfortante, utilizando un tono de voz tranquilizador y un contacto físico suave, con el fin de que el pequeño/a se calme. Quizás es necesario alejarlo antes del lugar si hay un peligro físico.  

  • Redirigir: después del paso anterior ya se puede conversar y utilizar la lógica junto con herramientas educativas como las preguntas, las alternativas o las opciones limitadas. 

Cuando sabemos que el niño sí es capaz de detener su rabieta, entonces se recomienda establecer un límite muy claro y firme y evitar negociar en este punto; con ello incentivamos su autocontrol y la asunción de consecuencias ante sus conductas inadecuadas. Esta es la llamada por Siegler rabieta del cerebro superior.


Según la situación a abordar y la conducta que muestre el niño, habrá que seguir esta u otras estrategias, manteniendo en todo momento las reglas de respeto y convivencia de la familia y evitando la manipulación por parte del menor.  

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 Gestión de conductas violentas con adolescentes en conflicto

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Hay varios aspectos a tener en cuenta, basados en March, pedagogo, psicólogo y educador social y avalados por la experiencia con jóvenes que residen en centros de protección, reeducación o terapéuticos: 

Mantener una posición de neutralidad para no entrar en las provocaciones que se están viviendo. Esta actitud no implica permisividad; por el contrario, mantendremos nuestra autoridad sin enfrentarnos. Para ello hay que desarrollar varios recursos: 

  • Autocontrol: para superar el miedo y mantener una estabilidad emocional.

  • Distanciamiento afectivo: para no tomarlo como un ataque personal, y evitar así reaccionar de forma impulsiva. 

  • Prepararnos psicológicamente para estas situaciones de crisis. 

  • Paciencia y sentido del humor: dos grandes recursos para el autocontrol en el día a día.

  • Disponer de apoyo social y estar respaldado por el equipo. 

  • Sentimiento de autoeficacia como profesional de la educación.

  • Ponerlo en práctica, para ir ganando familiaridad y experiencia. 

>  Separar al menor de los estímulos estresantes que están causando o influyendo en su conducta violenta y separarle de sus iguales, para poder tranquilizarse sin condicionantes externos, para que el profesional pueda intervenir de forma más favorable y garantizar la seguridad de todos. También se puede utilizar el tiempo fuera, ya sea en compañía de un educador o educadora con quien tenga confianza para hablar e ir relajándose, ya sea solo con una supervisión periódica. 

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Desactivación de la situación crítica: para ello podemos utilizar varias de estas técnicas que se basan primero en una alianza positiva, esto es, en haber creado un vínculo positivo con el/la adolescente, para que confíe en nuestra buena intención y se deje ayudar.

  • Técnicas paradójicas y de cambio de atención: como la distracción, el reencuadre o el sentido del humor que ofrezca una salida digna.

  • Proximidad y contacto físico no amenazante: cuando existe un vínculo, el menor recibe así nuestro afecto y aceptación. 

  • Reinterpretación de la realidad: dar una explicación alternativa para que el menor pueda aceptar y percibir la situación de una manera menos negativa o desafiante.

  • Contención emocional: poder darle seguridad y confianza basándonos en el vínculo y la alianza positiva existente entre educador/a y adolescente. 

  • Contención física: cuando existe riesgo y se compromete la integridad física de la propia persona o de los demás. 

>  Estabilización y reelaboración del conflicto con el menor: tratando con ella o él de lo sucedido, de sus sentimientos, motivos y alternativas de regulación y actuación en futuras ocasiones.. 

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Fuentes consultadas:

  • Urra, J. (2010) Estudio sobre fortalezas para afrontar las adversidades de la vida

  • Siegel, D. y Payne, T. (2011) El cerebro del niño. Ed. Alba

  • March, R. (2020) Adolescentes violentos en recursos residenciales: una propuesta de intervención. Revista de Educación Social, nº 31.

Webinar

Estrategias de afrontamiento emocional en infancia y adolescencia

Profesionales de RECURRA GINSO e invitados expertos en el ámbito de la salud mental infanto-juvenil reflexionan sobre cómo desarrollar estrategias de afrontamiento emocional que protejan la salud mental desde edades tempranas y prevengan conductas violentas en niños, niñas y adolescentes. Además, se tratan las demandas de atención psicológica más actuales y los retos en el cuidado de la salud mental infanto-juvenil.

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